3. A Ganar jugamos todos

Resumen de lo publicado

En el primer artículo de la serie se concluye que los principios de la Calidad Total son tan antiguos como el mundo y como el sentido común. Sin embargo, es necesario adoptar una actitud de aprendizaje permanente para aplicarlos cada vez mejor.

En el segundo, se dan varios ejemplos de cómo estos principios, adoptados por una compañía o por un país, son la base para su éxito a largo plazo si se persiste constantemente en su aplicación efectiva.

Se invita a los lectores a participar en las reflexiones de los autores a través de la redacción de la revista.

          Hace unos meses estaba el aprendiz dando un curso sobre el Modelo Europeo y en uno de los descansos se le acercó un alumno, con su taza de café en la mano. El alumno lucía algunas canas en las sienes y una mirada llena de interrogantes. Trabajaba, según dijo, como mando intermedio en una multinacional:

- Sr. Aprendiz, Yo ya llevo años en esto y mi compañía, como buena multinacional, también. Y ¿sabe Vd.?. Al principio los programas de calidad entusiasmaban. Se consiguieron resultados tangibles y mejoró muchísimo el clima de trabajo. Pero luego, poco a poco, llegó el cansancio. Y es que la gente termina por preguntarse: "¿Qué gano yo con este esfuerzo constante?, ¿Merece la pena realmente? ¿No me van a dar lo mismo?". Y yo ¿qué quiere que le diga.? empiezo a hacerme las mismas preguntas.

Creo que le contesté más o menos lo siguiente:

- No tienen ustedes más remedio. En el sector de ustedes, la calidad y la productividad están aumentando de forma impresionante como consecuencia de la gran competencia existente y de los consiguientes esfuerzos de mejora de todas las marcas. Quien se detenga estará fuera del mercado en tres años.

- Eso lo entiendo y estoy de acuerdo.El problema es que lo que estamos diciendo es desde el punto de vista de la empresa, no desde el del trabajador.Por lo tanto, no veo claro que lo podamos hacer. A corto plazo, se puede crear un ambiente de lucha contra una amenaza de supervivencia. Pero para mantener el ritmo a largo plazo haría falta algo más.

          Desde entonces el aprendiz ha reflexionado mucho sobre el tema y ahora piensa que ese "algo más" que el alumno echaba de menos sólo puede consistir en que todos sean y se sientan partícipes de los resultados de una lucha que constante.

          Decía Fernando de Ybarra , Presidente del Club Gestión de Calidad, en el discurso de clausura del último foro del Club que "l a realidad material de una organización empresarial es que sus protagonistas son tanto los propietarios del capital como los trabajadores y, junto con ellos, los proveedores y los clientes."

          Como el aprendiz tiene la manía de pensar en alto, Joaquín Vílchez, El Gato , taxista de Huétor Vega, no ha podido evitar cazarla al vuelo.

- Hombre, claro, ¿ o es que alguien se cree que puede vivir sin los demás?

          "... toda empresa tiene como doble objetivo la creación de valor mediante un proceso cooperativo entre sus actores y la distribución del valor creado mediante procesos competitivos entre los mismos."

          Se conoce que el aprendiz ha seguido hablando solo porque El Gato lo mira de reojo y como tirando a ofuscado.

- Vaya, hombre, con lo bien que íbamos y ahora no me entero de nada.

- Ah, bueno, eso quiere decir que...

"Todos ellos asumen riesgos, y todos obtienen a cambio un beneficio: todos ellos son, muchas veces sin saberlo, empresarios"

Joaquín Vílchez, El Gato , vuelve a la carga:

- Oiga, para saber eso no hay que ser presidente de nada. Yo llevo toda la vida diciendo que de lo primero que tiene que darse cuenta el trabajador es de que tiene que mirar por su empresa, porque es suya. Y es suya, porque no tiene otra cosa. Y como los dineros vienen del cliente, entonces el trabajador tiene que mirar por el cliente" . Vaya, que el trabajador es empresario. Porque eso es lo que hacen los empresarios, ¿no?

          El aprendiz está de acuerdo con El Gato y está de acuerdo con Fernando Ybarra. Lo que pasa es que está de acuerdo con pocos más porque hay pocos que se den cuenta de que para que uno gane no es necesario que otros pierdan, sino más bien al revés.

          Entre los pocos que sí se han dado cuenta están los autores de un libro que el aprendiz acaba de leer. Se llama Coopetición y lo han escrito dos profesores americanos Barry J. Nalebuff y Adam M. Brandenburger.Edición española, Díaz de Santos, 1997. .

El lector pega un respingo

- ¡No irá Vd. a contámerlo!

- No, tranquilícese. Sólo lo comentaré un poquito. En realidad sólo voy a decir lo que no me ha gustado, pero antes quiero proponerle un juego.

- ¿Un juego, a estas alturas?

- Si señor, un juego bastante famoso que se llama El Dilema del Prisionero por razones que voy a omitir para ser breve (El lector que quiera profundizar en el tema puede encontrar bastantes pistas en http://mayet.som.yale.edu/coopetition ). Lo vamos a dejar en lo que puede Vd. ver en el recuadro .

- Bueno, he estado un rato dándole vueltas al jueguecito y creo que ya sé, más o menos, lo que me quiere Vd. decir.¿Me puede Vd. explicar ahora a qué viene todo esto y en qué no está Vd. de acuerdo con los autores del libro?

- Con mucho gusto. Los autores opinan, con razón, que una empresa puede describirse como un juego en el que todos ganan si los jugadores (la propia empresa, clientes, proveedores, competidores y complementarios) cooperan entre sí. Lo que no me ha gustado es que no mencionan a los empleados. Los que diseñaron el Modelo Europeo conocían, a mi juicio, mucho mejor la realidad de la empresa. Por lo demás, el libro merece leerse.

          Quisiera ahora el aprendiz hacerle unas preguntas al lector: ¿Cree Vd. que en la vida real se dan casos parecidos al del Dilema del Prisionero? En caso afirmativo; ¿Cómo pueden evitarse las nefastas consecuencias de esta situación?

          No podemos prometer que la solución esté en el próximo número.


Francisco Morales Delgado
Alejandro Moreno Romero
Socios de TQM ASESORES
(Artículo publicado en el número 45 de QUALITAS hodie )

El Dilema del Prisionero

     Imagínese el lector que se encuentra en la siguiente situación: Tiene frente a sí a otro jugador y juegan Vds. a un juego con las siguientes reglas:

  1. Puede Vd. elegir A o B.
  2. El otro jugador también puede elegir (al mismo tiempo, como en los chinos) A o B.
  3. No se pueden comunicar ustedes.
  4. Si ambos jugadores eligen A, cada uno obtiene 10 millones. Si ambos eligen B, cada uno se lleva 2 millones. Si uno elige A y el otro B, el que elige A no saca nada y el que elige B, 25 millones.
  5. Ambos quieren maximizar su beneficio.

¿Qué haría Vd.? ¿Qué cree Vd. que haría el otro? ¿Seguro?


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